En un contexto de listas de esperas, altos costos de fármacos y barreras burocráticas, las farmacias ilegales en ferias libres se convierten en alternativa para quienes buscan una solución, no solo acceso más rápida y económica, sino también un trato humano y cercano. Sin embargo, mientras se esconden altos riesgos sanitarios y sociales, estructuras criminales, vinculadas al negocio farmacéutico, encuentran cómo expandir su negocio ilícito.
El vecino, de avanzada edad y caminar cansino, llega preguntando por un remedio para su alergia y agrega tener un poco de tos. La vendedora, que parece ser experta en medicamentos, le recomienda Nastizol: “dos pastillas blancas para el día, y una azul para la noche. Recuerde, azul de noche”, le indica con gentileza. Luego, toma su teléfono, busca información, enumera cada componente y concluye, “con el Nastizol es suficiente. No tome otros remedios, no es necesario”. Además, le menciona cada cuántas horas debe tomar las pastillas. Agradecido por el buen trato, el vecino pregunta el costo del medicamento, la vendedora, con amabilidad, le responde “no se preocupe, se lo regalo. Apúrese en comprar su comida, se están yendo los puestos”.

Es 28 de diciembre de 2024. La feria de Avenida Grecia, en Peñalolén, ubicada en la intersección con Avenida Tobalaba, bulle de actividad. Los coleros – vendedores informales que se instalan al final de las ferias libres – combaten el calor con toldos improvisados. Con 30 grados de temperatura, no sólo el sol afecta a los transeúntes, también a cientos de cajas de medicamentos que, expuestos al calor sin ningún tipo de protección, ven comprometida su eficacia y seguridad, convirtiéndose en un riesgo latente para quienes los consumen. Las ‘farmacias’ ilegales de ferias libres se encuentran en puestos improvisados, carritos, esquinas o pasajes aledaños.
Un problema de acceso: informalidad y necesidad
En Chile, el acceso a medicamentos sigue siendo un desafío crítico. Se estima que un 39% del gasto mensual de las familias se destina a la compra de medicamentos. Aunque políticas públicas, como las Garantías Explícitas en Salud (GES), ofrecen cobertura financiera total en medicamentos, o con copagos muy bajos, las personas continúan comprando medicamentos en lugares informales. Esto podría evidenciar posibles problemas de difusión, gestión e implementación de estas políticas.
Para el vicepresidente ejecutivo de ASILFA, Patricio Huenchuñir, los medicamentos están al final de la cadena de la salud. El acceso a la compra en lugares informales puede deberse a múltiples fallas: la falta de acceso a un médico tratante, las listas de espera, la atención no oportuna, y la evasión de preexistencia en la ISAPRES por parte de los pacientes, evitando así, alzas en los planes de salud.
Por otro lado, influyen factores como la libre competencia entre farmacias que fija precios inalcanzables para una mayoría. Para Huenchuñir, toda esta cadena de variantes permite tomar la decisión de adquirir medicamentos de manera ilegal. Así mismo, el valor inferior que tendrían en ferias libres provocaría un panorama ideal para perpetuar el negocio de las ‘farmacias’ ilegales.
Farmacias ilegales: Acceso para todos
La ‘farmacia’ se ubica en un pasaje junto a muchos otros coleros, tiene su mesa llena de medicamentos y se ven cajas de Omeprazol, Amoxicilina, Ketoprofeno, Melatonina, entre muchos otros. En farmacias, como Salcobrand, el antidepresivo Escitalopram, de 10mg, tiene un valor de $8.990 pesos, y en Ahumada, $8.695. Esta ‘farmacia’ lo tiene a $3.500 y con vencimiento el 2027. Clorfenamina a $500 pesos; la Loratadina, Diclofenaco y la tira de Quetiapina a $1.000. Por otro lado, el Omeprazol a $4.500 las tres cajas.
Lo que más vende esta ‘farmacia’ es el Paracetamol, cuatro tiras por mil pesos. La vendedora explica que solía comprar su mercadería en bodegas de farmacias establecidas. Ahora, como ya es cliente habitual, le envían el pedido a su domicilio.
‘Soy la farmacia para muchos’
En menos de 10 minutos, tres clientes consultaron, explicaron qué padecían, recibieron la orientación de la vendedora y compraron. Para ella no son desconocidos: son sus vecinos. “No puedo vender remedios en mal estado o falsificados, porque mis vecinos dependen de mí, y no sólo ellos, mi familia también. Soy la ‘farmacia’ para muchos”, explica, mientras otro cliente consulta.
Sobre sus clientes, que compran antidepresivos, señala un problema recurrente: las largas listas de espera para atención en salud mental. “Después de meses de espera, logras ir a un psiquiatra y te receta un antidepresivo ¿Para qué vas a esperar si te recetarán los mismos medicamentos que debes tomar por meses?”, cuestiona. Ahí es donde las ‘farmacias’ de ferias toman su lugar y cubren una necesidad. Evitan la burocracia del sistema.
La falta de respeto por el medicamento
Para Patricio Huenchuñir, los medicamentos deben tomarse bajo un tratamiento, no son para toda la vida. Las listas de espera, el valor de los especialistas particulares y la sensación de que un medicamento genera bienestar, permite la automedicación por tiempos prolongados, muchas veces peligrosos. Le denomina: “la falta de respeto al medicamento”. Esto podría convertirse en un medicamento crónico, y agrega, “debemos quitarnos la idea de la pastilla ‘mágica’”.
Pero los medicamentos que aparecen en las farmacias ilegales no sólo provienen de un mercado organizado. En el Centro de Salud Familiar (CESFAM) de Lo Hermida, Alejandra Merino, jefa del sector 18, explica cómo algunos pacientes venden medicamentos que reciben en los centros de salud. “Dicen que les robaron los medicamentos en la población o que los perdieron, pero que los necesitan con urgencia para su tratamiento. Tenemos protocolos que no nos permiten entregar más medicamentos para estos casos”, comentó. Sin embargo, afirma que, “son los propios vecinos quienes nos avisan que los están vendiendo en las ferias cercanas”.
Proliferación de mafias con farmacias ilegales
Mientras tanto, en la feria, otro vecino llega, esta vez a conversar. Se siente bien, está de buen humor. Comenta que el medicamento que compró la semana pasada le hizo efecto. Le agradece a la vendedora por la atención anterior, y se retira. La vendedora explica que es su vecino y cliente por muchos años.
Sin embargo, no todos los vendedores de farmacias ilegales de ferias tienen ese nivel de relación con sus compradores. En los últimos años, explica la vendedora, “han aparecido mafias de extranjeros. Son malos, si entras al negocio a través de ellos, no puedes salir. Yo no me meto en eso, cada uno hace lo que quiere con su vida. A veces he tenido problemas con las mafias, pero no soy una amenaza para su negocio. Están en todas las ferias de Santiago, es peligroso meterse con ellos”.
La venta de medicamentos ilegales no solo se ha convertido en un problema de salud, también, en un negocio que está en manos de redes criminales en América Latina y en el mundo.
La cuarta ola del crimen organizado
El crimen organizado en América Latina ha proliferado a lo largo de las últimas décadas. Se adapta a los contextos políticos, sociales y económicos. En una región caracterizada por la inestabilidad, el escenario se presenta favorable para estructuras criminales.
Las olas del crimen:
- La primera ola comenzó con organizaciones como el Cartel de Medellín, que desafiaba directamente al Estado para obtener el control;
- En la segunda etapa, se entendió la corrupción como eje central. Para el cartel de Cali era más rentable corromper al Estado que combatirlo;
- La tercera etapa del crimen organizado, corresponde a la infiltración de estas organizaciones criminales en instituciones y estructuras del propio Estado.
- La cuarta ola: Medicamentos en ferias libres.
Para Pablo Zeballos, experto en dinámicas criminales, las estructuras criminales diversifican sus mercados e incluyen, entre otras actividades ilícitas, la falsificación y venta ilegal de medicamentos. Esta cuarta etapa deja en manos de bandas criminales el poder del territorio y provocaría efectos secundarios. En Chile, hay un cambio de paradigmas en el orgullo delictual, es mayor la exhibición de esta práctica: mausoleos, narco funerales y muestras, en redes sociales, de actos delictivos. Se genera identidad y sentido de pertenencia.
Farmacias sin ‘dueños’
Otro problema que se vincula a los medicamentos, es el surgimiento de farmacias donde se desconocen sus propietarios. Cuenta Zeballos que “aparecen de un día para otro en los barrios y tienen formalidad legal. No sabemos quiénes son. Además, cuando hay un aumento exponencial de un mercado, no aumenta exponencialmente la fiscalización de ese mercado”. Esto provocaría brechas importantes para los actores criminales. Además, dice que en Chile no hay un trabajo de campo que pueda comprobar la existencia de bandas criminales extranjeras vinculadas a la venta de medicamentos. “Esto no quiere decir que no existan”, afirma. Por otro lado, lo que menciona la vendedora sobre mafias extranjeras en ferias libres, para Zeballos no es nuevo, ya que son testimonios recurrentes en otros países de América Latina.
Entre la solución y el riesgo
Algunos coleros ya están cerrando sus ‘locales’, en cambio, la ‘farmacia’ sigue atendiendo a público. La amabilidad con que la vendedora responde a todas las preguntas es, por decirlo, extraña y a veces, admirable: se da el tiempo necesario para conversar, no sólo de la enfermedad, sino de la familia y de problemas más bien personales.
“Al vecino que le regalé el Nastizol, es viejito, tiene a la señora postrada. Además, sus hijos no vienen a verlos, viven en el norte”. Continúa: “ya me compró sus remedios, ahora fue a comprar algo en la feria, volverá lleno de bolsas. Ahí lo ayudaré a llevar las compras a su casa. Se va a negar, pero siempre lo convenzo. Es su rutina, soy parte de la rutina”.
Esto, que pareciera ser anecdótico, para Patricio Huenchuñir, es otra causa para la existencia de estas farmacias ilegales de ferias. “La industria de la salud está alejada de las personas. Hay una cierta deshumanización en la atención. Cuando vamos a una consulta, no solo esperamos una persona con competencias técnicas, sino, a una persona que atiende a otra persona, y, que empatice con ese paciente. Por otro lado, no podemos pretender que todos entiendan el lenguaje técnico para explicarles cómo sanar una dolencia”. Explica Huenchuñir.
Humanización de la atención
En un país marcado por las listas de esperas, altos precios en la salud y barreras burocráticas, las personas no solo buscan acceso a medicamentos a precios asequibles; buscan algo más profundo. Más allá de una simple transacción para aliviar el dolor, buscan una red de apoyo, gestos de humanidad, a sabiendas los riesgos en la informalidad. Así, a plena luz del día y pese a la ilegalidad, las farmacias de las ferias libres se han transformado en un espacio de cercanía y confianza. Sin embargo, la venta compromete la salud pública, fomentan el crimen organizado, y sobre todo, expone las vulnerabilidades de un sistema, que al fallar, empuja e incentiva a la población a soluciones riesgosas e ilegales.
Más que clientes: vecinos
“¡Ahí viene el vecino!” alerta la vendedora de medicamentos de la feria de Grecia con Tobalaba, y tal como dijo, su vecino viene cargado con bolsas de mercadería comprada en la feria. De avanzada edad y de caminar cansino, el señor le sonríe a la vendedora, que ya había apresurado su paso para encontrarse con él y tomar sus bolsas. El vecino se niega, la vendedora lo convence y él acepta a ser ayudado. El ‘guión’, mencionado minutos atrás, se cumple a la perfección. Estamos en una calle que cruza con Grecia, sector de coleros, y la vendedora deja su ‘farmacia’ encargada al puesto colindante: “¡voy a dejar al vecino a su casa! Vuelvo luego”, gritó, para luego preguntarle a él, “¿Se tomó el Nastizol? ¿Cómo no? Yo se lo daré en su casa”.
Caminan juntos, conversando, como buenos vecinos. En una feria de una población santiaguina, el ‘paciente’ y la vendedora de una de las tantas farmacias ilegales, de una feria libre, caminan. Se acompañan.

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